Por: Licda. Nancy Manzur
Psicóloga Educativa
Santiago, R.D / 809-582-2373
La tartamudez es un trastorno psico-funcional del ritmo y la fluidez de la voz. Este evoluciona de un tartaleo fisiológico que generalmente ocurre por presiones del medio ambiente o internas del propio niño.
También puede ser una condición imitativa si el niño se rodea con personas con esta condición.
La tartamudez se manifiesta como una alteración en la fluidez del lenguaje dada por repeticiones involuntarias, tropiezos, vacilaciones durante la emisión del habla y los trastornos de la respiración.
Por ejemplo: Es cuando nuestro hijo dice popopo… por decir pónmelo o dadada… por dame.
Este trastorno es muy complejo y algunas de las causas que lo provocan podrían ser:
· Técnicas educativas utilizadas incorrectamente
· Algún trauma psíquico
· Presiones familiares
· El deseo excesivo de los familiares por el correcto lenguaje
· Enfermedades padecidas por el niño en su infancia
· Patrones de tartamudez en la familia directa o en compañeros del colegio
Con relación a la edad no existe una precisa, aunque algunos especialistas apuntan que la etapa donde más se presenta esta condición es entre los 2 y 5 años. Pero cuando los niños empiezan a hablar es un momento determinante ya que es en esta etapa donde los padres, maestros y tutores deben ayudar al pequeño/a a corregir este trastorno y evitar su continuación en el futuro.
Como padres hay que ser muy cuidadosos del desarrollo del lenguaje y estimular a nuestros hijos positivamente durante este proceso. Si entendemos que los esquemas a nivel de lenguaje no son los correctos ni los esperados para la edad debemos acudir a un logopeda.
Aquí algunas técnicas que podemos poner en práctica para favorecer un adecuado lenguaje en los niños/as:
· No exigirles situaciones orales que exijan determinada carga emocional
· No debemos exigirle al niño un alto nivel de habla para su edad
· Evitar los conflictos familiares delante del infante ya que el habla va atado al estado emocional
· Tenerles paciencia y no interrumpirles mientras intente hablar.
· No permitir jamás que pongan al niño en ridículo utilizando su forma forzada de hablar como un chiste.