2009-05-27 11:40:20
Cómo hablar con tu niñoEn nuestra calidad de padres pasamos una gran parte del tiempo hablando con nuestros chicos y sin embargo, muchas veces nos preguntamos por qué parece que no nos oyen. En momentos de enojo, nos encontramos inmersos en una lucha de voluntades, pero no podemos determinar qué decir para dejar de reñir. A veces nosotros mismos simplemente no sabemos cómo responder a una pregunta difícil.
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| Hablando con tu niño |
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¿Por qué la comunicación con los niños puede resultar ser algo tan difícil? “El desafío básico radica en que los padres a menudo hablamos sin comprender la manera cómo nuestros hijos reciben el mensaje”. Suponemos que nuestros niños entienden y sin embargo, luego nos preguntamos: ‘¿Por qué no hicieron lo que les pedí?'.”
Para ayudarnos en el tema veamos algunas maneras prácticas de comunicarnos con eficacia con los niños de cualquier edad, usando palabras que ellos pueden oír y técnicas que tienen sentido para ellos. Esta información está fundamentada en estrategias acertadas que padres y expertos (siendo muchos de ellos también padres) han utilizado con los niños. Pero recuerda: No hay que memorizar ningún guión ni ningún orden que seguir. Estas ideas son herramientas que puedes utilizar cuando las necesites para ayudar a que tu hijo y tú se entiendan.
Comencemos…
Haz una pausa y escucha a tu hijo. Las acciones específicas —como establecer contacto visual, agacharse a la altura del niño e inclusive la inclinación de su cabeza— muestran a tu hijo que estás escuchando. También te ayudan a tí a hacer una pausa y a escuchar realmente.
Repite lo que oíste. A menudo resulta útil exponer de nuevo en forma modificada lo que uno oye y poner los sentimientos de tu hijo en palabras. Por ejemplo podrías decir “Parece que te da tristeza ir al colegio el día de hoy”. Estas reflexiones en voz alta reconocen y ponen en palabras los sentimientos de tu hijo. Sin embargo, haz esto con cuidado. Si un niño está en plena rabieta y le dices: “¡Estas enojado y fuera de control!”, podrías agravar la situación, en vez de mejorarla.
Haz preguntas específicas para recabar información. Podrías decir: “¿Qué es lo que te ha molestado?”. Las preguntas de seguimiento reconocen los sentimientos y emociones del niño y consiguen hacer que hable de ellas y te ayudan a tí a recabar más información, de modo que podrás entender mejor lo qué sucedió realmente y lo que tu hijo piensa al respecto.
Mira la situación a través de los ojos de tu hijo. ¿Tú sabes lo que se siente cuándo tu jefe o su socio te dicen: “Esto es ridículo” o insisten en que te tiene que gustar algo que realmente detestas? Los niños sienten lo mismo cuando sus padres les dicen: “Tú no sabes lo que eso es realmente” o “¡No puedo creer que hayas dicho eso!”.
Procura no contradecir lo que dice tu hijo en forma inmediata, aún cuando pienses que está equivocado. Escúchalo antes de decir no. Si tu hijo dice: “No quiero ir más a la escuela”, en vez de decirle: “Tienes que ir”, podría preguntarle: “¿Qué es lo peor de la escuela?”.
Escucha la petición de tu hijo sin juzgarlo o corregirlo. El buen maestro le ofrece al niño la ocasión de explicarse primero, aún cuando no tiene razón. La misma técnica funciona en casa.
Toma un momento para reflexionar sobre lo que te está preguntando tu hijo. Aún cuando tu respuesta final todavía sea “no”, podrías decir: “Déjame pensar lo que estás diciendo por un minuto y te responderé después”.
Haz una pausa para analizar la pregunta de tu hijo. Esto te forzará a desacelerarte y te ayudará a no hacer un juicio apresurado, aún si la respuesta es: “No, no te vamos a comprar un juguete”. Cuando uno coje una pausa, esto hace que tu hijo se sienta oído, ya que te has detenido para examinar su opinión; también disminuye las ocasiones en que se cae en una lucha de voluntades.
Comparte tus pensamientos en voz alta. Tus hijos gozarán de que se les incluya en el proceso de razonamiento. Si tu hijo te pide que lo deje ir a dormir a casa de un amiguito, podrías decirle: “Sé que quieres ir a dormir a casa de tu amiguito, pero tu abuela podría querer verte este fin de semana que vendrá de visita. Déjame hablar con ella”. Así, tu hijo entenderá cómo tomas la decisión.
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