Un estudio hecho por Mennella encontró que cuando la madre toma alcohol, a pesar de que solo una pequeña fracción pasa a través de la leche materna, puede tener un efecto en el infante. El olor de la leche se alteró en especial entre los 30 a 60 minutos después de la ingesta. Los bebés hicieron más succión durante el primer minuto pero ingirieron menos leche.
Otro estudio hecho en la universidad de Copenhague, Dinamarca, encontró que los sabores se transmiten a través de la leche materna, implicando que la leche materna provee experiencias químico-sensoriales al infante.
Los sabores varían en cuestión de minutos según la dieta de la madre; así que, la alimentación de la madre puede condicionar el gusto del bebé. Mientras más variedad de alimentos consuma la madre, más sabores recibe el bebé, ampliando así el gusto por una gama de alimentos al momento de ser ofrecidos y haciendo posible que el bebé pueda recibirlos mucho más fácilmente.
Una dieta sana y equilibrada que incluya los diferentes grupos de alimentos como frutas, verduras, pescados, etc., abre las puertas para una mejor alimentación del niño en el futuro. Otros estudios hechos por Mennella llegaron a conclusiones similares.