El niño es un paciente frágil, y especialmente mientras menos edad tenga. Por ello, es fundamental contar con asesoría y control médico por parte del especialista a la hora de suministrarle algún medicamento.
Los medicamentos pediátricos son aquellos que son indicados para niños de 0 a 5 años y los medicamentos infantiles los que se prescriben para niños de 6 a 12 años. Unos y otros están especialmente diseñados para el organismo del niño, tanto en la dosis como en las características del principio activo.
En cada etapa del desarrollo varía el tipo de medicamento a utilizar porque dependiendo de la edad y el peso, en el organismo del niño se dan diferencias tanto físicas como de comportamiento.
El organismo infantil tiene mayor cantidad de agua que el de los adultos, por lo que la distribución de los medicamentos en los tejidos cambia. De igual manera, la longitud del duodeno en los niños es menor y por ello, la absorción de los fármacos es diferente.
En general, los niños eliminan más lentamente los medicamentos; entonces, si ingieren una dosis que no se desecha como es debido, al darles la siguiente toma todavía se mantiene cierta cantidad de la sustancia activa, la cual va acumulándose y puede derivar en intoxicación.
Esto nos lleva a la reflexión de que el niño no es un adulto chiquito, sino un paciente especial. Por eso, las formulaciones indicadas para los pequeños generalmente se ofrecen en gotas, jarabes, suspensiones y tabletas masticables, presentaciones que son bien aceptadas y tienen cierto perfil de dosificación diferente en el adulto.
No se deben ajustar cantidades deliberadamente. Por ejemplo, si un adulto pesa 135 libras y toma cierto medicamento, no significa que un pequeño de 45 libras deba recibir la tercera parte del fármaco, pues hay diferencias básicas en su intestino, en sus riñones y en la cantidad de agua corporal.
También hay que tener en cuenta que combinar medicamentos es más peligroso en los niños que en los adultos. Esta es una práctica que, desgraciadamente, ocurre con frecuencia, ya que antes de llevar al pequeño al pediatra, los padres muchas veces le dan 3 ó 4 fármacos distintos.