La primera evaluación oftalmológica se recomienda a los tres años de edad, siempre y cuando no se presente antes ninguna alteración o se note alguna anomalía. Una evaluación oftalmológica completa sirve para garantizar una buena salud visual en los niños que van creciendo, ya que algunas enfermedades que no son detectadas a tiempo pueden provocar efectos irreversibles.
En condiciones de buena salud visual, se recomienda la visita al oftalmólogo al menos una vez al año. Entre las pruebas que este realiza está la de agudeza visual. Existe una
afección llamada ambliopía, también conocida como ojo vago, que, para que se entienda bien, es el ojo que no aprendió a ver. Tiene solución si se trata antes de los 7 u 8 años porque a esta edad el ojo se convierte en adulto y pierde plasticidad. En la mayoría de los casos es reversible con tan sólo colocar un parcho en el ojo de mejor visión para estimular al ojo vago.
También se determinan posibles errores de refracción. Algo importante a tener en cuenta es que los cambios rápidos de refracción durante la infancia exigen verificaciones frecuentes. Esta evaluación debe realizarse en presencia de los padres: es mejor para los niños pequeños sentarse en el regazo de uno de sus padres, mientras que los de mayor edad pueden preferir sentarse solos.
Existen diferentes tipos de errores de refracción como la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo, que son perfectamente corregibles con lentes. Es importante que el niño esté a gusto con sus lentes, no solamente para corregir el defecto refractivo, sino para que los use con regularidad y de esta forma logre una mejor visión.
Una gran parte de colegios y escuelas exige una evaluación oftalmológica a sus alumnos para así garantizar su progreso escolar, ya que los niños no saben expresar sus deficiencias visuales, lo que puede provocar atrasos en las clases, cambios en el comportamiento y problemas de personalidad en el caso de los pacientes estrábicos.