Desde que el feto es concebido comienzan las expectativas de qué sexo tendrá el bebé. Los padres se muestran curiosos por saber, algunos llegando a sentirse nerviosos, ya que a partir de esta respuesta se toman decisiones, desde la decoración de la habitación (color, motivo, mobiliario, etc.), la ropa que se comprará y hasta el tipo de juegos que tendrá. Esto es un ejemplo para saber que la diferencia no la hace el bebé, sino las personas que lo educan, quienes sin este nacer, le definen qué color debe usar, con cuáles juegos jugar, etc.
¿Es realmente diferente que sea niño o niña? ¿La diferencia lo hace la biología o la educación? La verdad que la diferencia no está en el sexo (biología), si no más bien en el género (educación). El sexo es lo que biológicamente nos define como hombre o mujer, y el género, lo que la cultura y la sociedad dictan para cada uno de los sexos.
Coexisten contrastes entre ser varón o hembra, pero tienen más que ver con el desarrollo evolutivo, por ejemplo, regularmente las niñas aprender a hablar antes, y pueden obtener mejores niveles que los niños, mientras que estos son más ágiles motrizmente.
El sexo de la persona no hace referencia a que los niños y las niñas se deban educar de forma diferente. Al final de cuentas, lo que se está educando son seres humanos, que serán quienes dirigirán la sociedad futura. Los valores, las emociones, la capacidad de empatía, el alcance de la madurez, la felicidad y por último el aprendizaje en sí, no debería diferenciar entre chicos y chicas.
La educación sexista dicta:
“Que los niños no juegan con muñecas”, ¿acaso no tendrán estos niños luego, hijos a los cuales cuidar? Y “Las niñas no juegan con carritos”, ¿no irán a conducir cuando sean adultas? Los juguetes son uno de los mejores ejemplos de cómo la sociedad va marcando diferencias entre uno u otro desde que son pequeños. Los juegos son objetos en sí, el asunto está en la idea que se le da a su uso según el género.
“A las niñas de rosado y los niños de azul”, le estamos poniendo límites a la propia imaginación… ¿paradójico no?... “Las niñas no deben pelear”, ¿entonces para los hombres sí está bien resolver sus conflictos con violencia?...“Los niños/hombres no lloran” ¿quiere decir que no son seres humanos? ¿No tienen los niños/hombres sentimientos o es que no deberían tenerlos?
Estos son algunos de los ejemplos más comunes que se oye repetir una y otra vez. Que los pequeños escuchen y obedezcan estos mandatos hacen que se queden grabados en sus memorias como pautas indelebles y repetibles, para luego ellos hacer lo mismo con sus hijos, y así consecutivamente. Se resumen en roles de género, y se aprenden como parte del proceso de socialización, que comienza en la infancia, y donde la familia juega el rol de mayor influencia, progresivamente se van incluyendo otros agentes socializadores como el colegio, los medios de comunicación (tv, radio, anuncios), y demás relaciones personales (amigos, profesores, vecinos, etc.).
Desde antes de nacer se van marcando y limitando a los niños. Sí, niños y niñas son diferentes, pero al mismo tiempo iguales, la diferencia que se quiere marcar es netamente una cuestión cultural que, debido a la propia crianza de los padres, se encuentra internalizada en sus mentes.
La verdad que sí son diferentes, los hombre y las mujeres, pero no mejores ni peores. Y esto no tiene nada que ver con la educación que deban recibir. Se incurre en estas diferencias, sobre-marcadas, debido a los códigos familiares que se han enseñado, por la forma en que son criados por los padres.
Se deben hacer esfuerzos para la coeducación a la igualdad. La infancia y su desarrollo marcarán el prototipo de persona que será su hijo. La clave está en educar bajo el lema de la diversidad. Papá y mamá deben pensar cuidadosamente el mensaje que están mandando, para luego comenzar con los cambios.