Cuentos sin finales, objetos que toman vida, disfraces, medias que se vuelven títeres, máscaras, música del mundo, realidad y ficción, hadas y princesas de castillos encantados que se construyen con dos sillas y telas, valientes caballeros con un corcel que no es más que un palo de escoba…
Los niños que por primera vez participan de un grupo de teatro entran extrañados y un poco avergonzados, pero instantáneamente comprenden que los invitamos a jugar, a irnos de viaje a los lugares más remotos, a ser protagonista de las aventuras más disparatadas, pero sin televisión, ni cables, ni juegos electrónicos que necesiten un cargador, son los protagonistas de su propia historia, lo único que necesitan es creatividad e imaginación, dos condiciones que se desarrollan en las clases.
Para los que están acostumbrados a jugar solos, el teatro los estimula a trabajar en grupo, a negociar ideas, a respetar las distintas opiniones y vivencias.
A partir de los 4 años hasta los 7 años, los niños/as encontraran en el teatro una manera muy divertida de trabajar el fomento a la lectura, por la lectura misma, leer por placer, porque se apropia de la historia. En esta etapa se utiliza el teatro como herramienta pedagógica más que efectiva para trabajar valores, el gusto estético y literario, la memorización y la concentración.
El Teatro ofrece la posibilidad de madurar personalmente mediante la representación simbólica de situaciones de la vida. Pero también puede establecer conexiones muy interesantes entre la vida real y el mundo de la imaginación y de la creación literaria. De esta manera, el niño/a puede anticipar situaciones que podrían presentarse en cualquier momento y, mediante la improvisación, tantear en un contexto imaginario la resolución de los mismos, lo cual supone una ventaja grande a la hora de afrontar la vida.