Además de cuidar la salud física de nuestros hijos y proporcionarles una alimentación sana, debemos estar atentos a su salud emocional y transmitirles hábitos de conducta
adecuados.
¿Qué es un niño saludable? Podríamos decir, sin temor a equivocarnos mucho, que es aquel que juega, duerme y come bien, se enferma poco y expresa sus emociones, tanto positivas como negativas.
Por supuesto, el niño debe recibir la atención médica que requiere, no solo curativa, sino también preventiva. Es decir, hay que proporcionarle todas las vacunas y llevarlo al pediatra con cierta frecuencia, aunque no tenga ningún tipo de malestar. Además, necesita una alimentación variada y balanceada.
Los chequeos médicos
El pediatra tiene que revisar cada cierto tiempo, en función de la edad, su crecimiento, para lo cual lo pesa y lo mide. En el caso de los bebés, hay que supervisar también la adecuada introducción de los alimentos en la dieta. También el pediatra evalúa el desarrollo sicomotor, es decir, las habilidades que poco a poco el niño va adquiriendo.
Los vínculos afectivos
Un niño saludable es el que ha podido desarrollar estrechos vínculos afectivos con sus padres o cuidadores. Y estos comienzan ya desde que está en el vientre de su madre. Los tres primeros años son fundamentals en este aspecto.
Límites y rutinas
Además de vínculos bien fuertes, el niño necesita límites y rutinas en su día a día. Hay que saber decirle no, marcar pautas claras y establecer rutinas como las horas para dormir, para comer, para jugar…
También es fundamental que el niño realice actividad física y esté en contacto con el aire libre. No es un niño saludable el que se pasa el día encerrado en su casa viendo televisión o manipulando videojuegos.
Fortalecer su autoestima y ganar su confianza
Como padres, nos corresponde criar hijos seguros y con autoestima, hijos que se sientan queridos, aceptados y reconocidos. Siempre hay que evitar los calificativos despectivos: cuando tengamos que corregir, debe quedar claro que lo que censuramos es una conducta en un momento determinado, pero que el niño cuenta con nuestra aceptación incondicional.
Es preciso mantener una comunicación muy fluida con ellos, de forma que se sientan en total libertad para abordarnos respecto a cualquier tema. Debemos saber que precisan nuestra tolerancia. Y sobre todo, que estemos presentes, por lo que debemos ser muy generosos con el tiempo que les dedicamos.