Es necesario que desaparezca la idea o creencia de que la gordura en los niños es sinónimo de salud, o que con la edad reducirán de peso.
La obesidad se caracteriza por la acumulación y almacenamiento excesivo de grasa y se manifiesta por un incremento de peso mayor al 20 por ciento del peso ideal esperado por la edad, la talla y el sexo. Muchas veces se piensa que la odesidad será transitoria y que es solo una expresión del crecimiento y desarrollo del individuo, aunque desafortunadamente no es así.
La obesidad durante la infancia y adolescencia es el resultado de una compleja interacción entre los factores genéticos, psicológicos, ambientales y socioeconómicos. Algunos de los factores que inciden para que un niño se convierta en obeso son: que los padres sean gordos, inadecuados hábitos de alimentación en la familia, actitudes sedentarias como comer dulces frente al televisor, en el carro, entre otras.
El niño y adolescente obesos muestran poca tolerancia a las actitudes de sus compañeros y familiares en relación con su aspecto y aceptación, muy pronto se sienten marginados y rechazados. El cuerpo obeso puede representar una protección, una barrera o máscara para protegerse de su inseguridad, dependencia y ansiedad.
¿Pero qué se puede hacer para prevenir la obesidad en los niños? Lo primero es que la familia tenga buenos hábitos nutricionales, principalmente los padres, quienes deben vigilar estrechamente la alimentación de sus hijos y limitar el consumo exagerado de alimentos. El ejemplo de qué alimentos, cómo y cuándo es la mejor forma para educar a los hijos.
Alimentar adecuadamente a los niños desde su nacimiento y durante los primeros años de vida, es la mejor forma de impedir que aparezca la obesidad.
"Utilizar algunos alimentos y principalmente los dulces como premios no es conveniente. Esto puede originar que el niño empiece a tener una preferencia marcada por estos alimentos, al relacionarlos con actos y conductas que ante sus padres fueron positivos".