Los más pequeños aprenden cuando las experiencias que viven les son significativas, cuando les interesa lo que ven o hacen, cuando les es familiar, cuando disfrutan lo que hacen, implicando en la actividad a todos los sentidos; aprenden viviendo la actividad y siendo parte activa de la misma. Es, sin dudas, más relevante mostrarle un pollito en sus manitas, que lo toque, que sienta la suavidad, que vea el color real, que lo escuche piar, a que le mostremos una foto plana.
Por: Jeammy Henríquez, MA.
Preescolar Alfabeto.
¿Cómo aprende mi hijo? Podemos resumir la técnica diciendo: Jugando.
El juego es una herramienta que ofrece un mundo sin fin de actividades significativas, didácticas y lúdicas. Su magia encierra posibilidades interesantes, ya que puede ser un juego guiado o un juego libre.
Como familia podemos ayudar a que en casa la experiencia y el desarrollo no pare, nuestros hijos se desarrollan mientras espolvorean azúcar sobre una galleta, colgando pinzas de ropa y hasta limpiando el polvo, son actividades que las viven como un juego y que detrás implican un desarrollo que les ayudará posteriormente.
De allí, que reprimir la hora de recreo o diversión no debe utilizarse como un castigo. Jugar es un derecho y propiciarlo como adultos es un deber. Jugando los más pequeños aprenden y crecen, por lo que no se debe limitar al niño de esta actividad lúdica.
El juego va de la mano con la creatividad, con la inventiva, los niños juegan y adquieren los conocimientos de la vida real. Nuestros hijos cuando juegan ponen a prueba sus habilidades, conocen sus fortaleza y debilidades, experimentan, se equivocan, se expresan, trabajando valores y actitudes de la sociedad, viven la posibilidad de hacer y de ser.
El interés por jugar es innato en cada ser humano, el mismo lo debemos cultivar para que no muera, nacemos con esa inocencia, con esa intensidad por la vida, por conocer, por probar, por saltar. Jugar es la música que bailamos libremente, jugar es la vida en sí de los niños.
Si esta actividad tan importante, se une con la experiencia pedagógica, alcanzamos los objetivos sin mayor esfuerzo, sin frustraciones. Se aprende lo que nos interesa, para los niños el juego es su interés primordial, utilizarlo como canal para llegar y alcanzar los objetivos es recompensante, sin olvidar que el juego es una actividad espontánea y libre, además de que el juego es el cambio para construir libremente su espíritu creador.
Mediante el juego se estimula y se adquiere mayor experiencia en el niño en todas las áreas de desarrollo humano. Tiene una esencia educativa y se valora como el primer acto de creatividad del ser humano.
Realizamos una encuesta en un grupo de 20 niños de 4 y 5 años de edad y el 90% respondió espontáneamente que jugar es divertirse y tener energía. Y que bien, que aprender sea divertido. Los niños relacionaron el juego con vitalidad, todo lo contrario a estar aburrido.
Los niños son movimiento, son un reto, son emoción. Las actividades presentadas como juego ofrecen el interés y la vida que nos involucra con lazos afectivos como seres humanos. Cuando quiera que su hijo aprenda algo y lo grave como parte de sí mismo, utilice el juego. Jugar ofrece el placer y la emotividad que marca para toda la vida y que conformarán al ser humano adulto como un ser humano independiente, capaz, seguro y con gran autoestima.
Mediante el juego se solucionan grandes conflictos, se crean grandes lazos afectivos y se desarrolla el lenguaje, la creatividad, la lógica y damos la oportunidad de entender el mundo que les rodea. Por medio del juego el niño socializa, es divertido, placentero, voluntario y lo más importante no es obligatorio.
Existen muchos estudios sobre el juego, que hablan sobre su importancia y cómo repercute en el desarrollo de los niños, no olvidemos hacerlo parte de nuestra vida.
Cuando un niño toma un objeto cualquiera y lo hace volar, está creando un momento único e irrepetible que es absolutamente suyo. La chispa del juego cautiva…
¡A jugar!