El paso del tiempo deja sus huellas indelebles en la piel. Con los años esta pierde luminosidad, aparecen las arrugas y la flacidez. Aunque no todos acusamos con la misma intensidad estos efectos, pues en este proceso influye la genética. Así, encontramos personas con una piel más joven que la que corresponde a su edad o, por el contrario, otras con una piel más envejecida.
En el envejecimiento de la piel intervienen también otros factores, como la exposición al sol, la alimentación, el estrés y los hábitos (tabaco, alcohol, sueño…). Y estos factores, a diferencia de los genes, sí podemos controlarlos adoptando un estilo de vida saludable.
Por ejemplo, el sol es uno de los principales causantes de envejecimiento cutáneo, por lo que no podemos exponernos a él sin la protección adecuada, hábito que debe comenzar desde la infancia.
En personas jóvenes basta con utilizar cremas hidratantes adecuadas al tipo de piel, teniendo en cuenta también el contorno de ojos. Por lo general, son productos a base de urea, ceramidas, siliconas, ácido hialurónico o liposomas.
También funcionan bien los aceites vegetales de borraja, soja o rosa mosqueta. Ya a partir de los 35 años hay que comenzar a usar productos que estimulen la producción de colágeno, elastina y ácido hialurónico. Son muy recomendables los que tienen acción antioxidante y antirradicales libres. Es el caso de los que incluyen retinoides, que aportan luminosidad y disminuyen las ojeras.
También los buenos cosméticos incluyen otros principioscomo los ácidos glicólico o láctico y el DMAE, el cualdevuelve firmeza a la piel.Los tratamientos aplicadospor la noche resultan muyefectivos al aprovechar esashoras del descanso nocturnoen las que la piel se regenera.
Ya a partir de la menopausia las fibras de colágeno y elastina disminuyen y se endurecen, por lo que hay que recurrir a cremas con acción de relleno y redensificadores de la piel, que además proporcionen la nutrición que la piel reseca requiere.
NUESTROS ALIADOS
• La protección solar.
• Una dieta variada y sana.
• Una buena hidratación.
• Un sueño de calidad que dure entre seis y ocho horas.
• Una rutina de limpieza de la piel, especialmente por la noche.
NUESTROS ENEMIGOS
• El sol: provoca arrugas gruesas, piel áspera y seca, y antiestéticas manchas. Además, incrementa el riesgo de melanoma o de otros tipos de cáncer de piel.
• Las cabinas de bronceado o de rayos UVA: adelantan la aparición de arrugas, provocan manchas y aumentan también el riesgo de cáncer de piel.
• El tabaco: los radicales libres que genera provocan arrugas profundas, reducen el grosor de la epidermis, hacen que se oscurezca la piel del rostro y se incrementen las manchas. Estos efectos son más evidentes en las mujeres que en los hombres.
• El estrés: es un agente oxidante que contribuye al envejecimiento de la piel.