La felicidad no está en el tener sino en el ser. La felicidad es algo que todos perseguimos, pero sin saber muy bien en qué consiste y cómo se llega a ese estado. ¿De qué depende? Los psicólogos y los filósofos coinciden en que es un estado de ánimo. Así, uno no “es” feliz, sino que uno se “siente” feliz.
Cuentan que el sabio Confucio animó a uno de sus discípulos a caminar por un bosque. Mientras el maestro paseaba distraídamente, silbando y observando los árboles y los pájaros con los que iba cruzándose por el camino, su acompañante parecía nervioso e inquieto. Harto de esperar, el discípulo rompió su silencio y le preguntó: "¿Adónde vamos?". Y Confucio, con una sonrisa amable, le contestó: "Ya estamos".
Desde esta óptica, la felicidad es un asunto muy personal y depende sobre todo de cada uno. Es muy difícil encontrarla fuera de nosotros. Con frecuencia, nos afanamos en la búsqueda de objetos materiales, de posesiones, etc. y nos perdemos de disfrutar los instantes. Y lo que es peor aún, cuando alcanzamos esos objetivos materiales, nos damos cuenta de que la felicidad está todavía lejos.
Decálogo de la felicidad
• Acariciar sueños y metas. Le dan sentido a nuestra vida y nos marcan el camino a seguir. Deben ser inspiradores, es decir, lo bastante ambiciosos para estimularnos a luchar, pero no imposibles, pues entonces se convertirían en una fuente de frustración.
• Buscar la felicidad en las pequeñas cosas cotidianas y no posponerla. Aprender adisfrutar en el día a día.
• Ser coherentes con lo que pensamos, ser fieles a nuestros principios. Esto nos da una gran paz interior y nos evita muchos conflictos. “La felicidad sobreviene cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en armonía”, nos enseñó Gandhi.
• Amarnos a nosotros mismos. Esto significa aceptarnos, respetarnos, valorarnos y ser amables con nosotros en todo momento. Implica mirar hacia dentro para conocernos mejor.
• Ser generosos con los demás. La generosidad, la solidaridad, el sentirnos útiles a los demás es una fuente de gran dicha. “No le pidas a Dios que te haga feliz; pídele que te haga útil. Tu felicidad llegará sola” (Maurice Mitchell)
• Conocer nuestras emociones y aprender a gestionarlas. No debemos reprimirlas, pero tampoco darles rienda suelta. Por ejemplo, cuando sentimos ira a veces optamos por reprimirla o nos desahogamos de mala manera, pero en ambos casos los resultados son muy negativos. En lugar de ello, lo más adecuado es primero calmarnos y, después, ya más tranquilos, abordar el asunto sin ofender al otro.
• Vivir plenamente el presente. No podemos anclarnos en el pasado. Igualmente, debemos evitar preocuparnos excesivamente por el futuro. El miedo nos resta muchas energías, por lo que no debemos alimentarlo. "Lo que causa tensión es estar 'aquí' queriendo estar 'allí', o estar en el presente queriendo estar en el futuro" (Eckhart Tolle)
• Mucho contacto cercano con otras personas. Cultivar las relaciones familiares y de amistad supone un gran apoyo en nuestra vida que nos depara momentos muy felices.
• Tener altura de miras y ver nuestro camino en perspectiva con sus etapas buenas y sus etapas de dolor y sufrimiento. De nada vale lamentarnos de una situación determinada y rumiar el malestar, sino que debemos verla como un aprendizaje del que podemos sacar consecuencias positivas.
• Reconocer el poder que tenemos de elegir cómo reaccionar ante cada circunstancia. Con frecuencia, no podemos elegir los hechos, pero sí la actitud que vamos a adoptar ante ellos. De ahí la famosa frase “Cuando la vida te de limones, ¡haz limonada!”.
¿Sabias qué…?
º Incentivar en los niños valores como la amabilidad o el altruismo hace que crezcan más felices. Los niños que sienten que sus vidas tienen un sentido y que creen en valores, como la amistad, son más felices. Los más dichosos son también los más sociables y los menos callados.
º Las buenas relaciones familiares y sociales son la principal causa de la felicidad. La felicidad no tiene que ver ni con el logro de objetivos profesionales ni con el dinero. Ni siquiera con el hecho de tener cubiertas todas las necesidades básicas. Muy al contrario, la gente se siente feliz al cultivar sus relaciones personales, al dedicarse a su familia y al sentirse respetado e influyente en su propia comunidad. Instituto Coca-Cola de la Felicidad