En la actualidad, la prevalencia de la obesidad aumenta de forma alarmante, tanto en los países desarrollados como en los en vías de desarrollo, y especialmente en las zonas urbanas. La obesidad es un síndrome multicausal en el que se reconocen factores genéticos, fisiológicos, patológicos y ambientales. Estos últimos ocupan un lugar fundamental en su génesis, y entre los más importantes se encuentran hábitos como el consumo de alimentos hipercalóricos y de raciones alimenticias de tamaño grande, junto con la disminución de la actividad física.
Debemos prestar especial atención a la tendencia cada vez mayor que tienen los miembros de la familia de pasarse largas horas sentados frente al computador, bien sea trabajando o jugando, ya que esto ha demostrado ser un factor importante en el sobrepeso, no sólo por la falta de actividad física, sino, además, porque induce a la ingesta frecuente de picaderas y por producir un enlentecimiento del metabolismo, hecho éste corroborado científicamente.
La obesidad produce alteraciones físicas y psicológicas. Entre las primeras se encuentran dolores articulares, hernias discales, hipertensión arterial e hipercolesterolemia; angina de pecho, infarto agudo del miocardio y trastornos de la circulación periférica, tanto venosa como arterial. También, mayor incidencia de accidentes cerebrovasculares y diabetes mellitus. Entre las segundas, depresión y baja autoestima.
Por todas esas razones, cuando en la familia hay uno o más miembros con sobrepeso debemos buscar ayuda profesional. Siempre es necesario un enfoque multidisciplinario (nutricionista, psicólogo, entrenador deportivo) para establecer un programa de cambios de estilo de vida (alimentación y actividad física) en el que todos participen activamente. Asimilar nuevas formas de alimentarse es clave, bien sea introduciendo alimentos saludables o aumentando su consumo; asimismo, disminuyendo el tamaño de la porción y buscando opciones para aumentar el gasto de energía corporal.
La meta es que el miembro de la familia en sobrepeso tome real conciencia de su problema y esté decidido a salir de esa condición para siempre, ya que el fracaso de las “dietas” produce un fenómeno de rebote: la persona pierde libras y en poco tiempo, cuando vuelve a sus hábitos previos, recupera más libras de las que perdió.
Para evitar el sobrepeso en la familia, debemos:
º Preferir la lactancia materna y desde el inicio de la ablactación utilizar alimentos naturales (frutas, cereales, vegetales, carnes) con preparaciones sencillas, así como evitar alimentos industrializados.
º Aumentar el consumo de alimentos ricos en fibras (vegetales, cereales integrales) y bajos en grasas.
º Realizar 3 comidas principales y 2 meriendas (matutina y vespertina), sin obviar ninguna de las ellas. La máxima debe ser: desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo.
º Realizar actividades físicas: una buena opción para toda la familia es caminar por lo menos 30 minutos 5 veces a la semana.
º Incentivar a los niños a la práctica sistemática de deportes, sobre todo al aire libre (béisbol, natación, tenis, football), así como clases de baile; otra opción es utilizar los videos juegos con movimientos para ejercitarse.
º Restringir el uso del computador con fines de entretenimiento, la televisión y los videojuegos a no más de 2 horas al día.
º No existen fórmulas mágicas, el secreto de mantener un balance adecuado entre peso y salud es cambiar el estilo de vida para siempre.